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Ingenio

Según el diccionario ingenio es (1) la capacidad para enfrentarse a problemas pronta y eficazmente (2) astucia en encontrar recursos y (3) capacidad para inventar nuevas cosas y métodos. Lo opuesto al ingenio es el derroche ya que ciertamente se podría contratar a cientos de especialistas con equipo y materiales nuevos para resolver un problema, pero el desperdicio en que se incurriría sería grande.

Es prácticamente inevitable que cuando pensemos en ingenio, recordemos el ejemplo de Tomás A. Edison, un gran inventor y hombre de negocios. Pero no tenemos que pasar a la historia como Edison para poder ser reconocidos como poseedores de cierto ingenio. Si alguna vez ha utilizado papel para otro uso que no sea el de escribir sobre él (doblado para nivelar una mesa o silla, arrugado para rellenar una caja, quemándolo para iniciar un fuego, etc.) usted ha hecho uso del ingenio.

Un aspecto del ingenio es observar los recursos disponibles y darles usos alternativos. Como en el ejemplo mencionado del papel o cuando reutilizamos el empaque de un producto nuevo. El fundador de la Ford, Henry Ford, usaba los empaques de madera de los carburadores que le enviaba su proveedor como base para el piso de los autos. Así que antes de aumentar el volumen de nuestras bolsas de basura, reflexionemos un instante si no existe un uso alternativo de eso que estamos pensando en desechar.

Ingenio también es el comenzar con una idea y buscar los recursos disponibles para realizarla. Aquí el punto, además de visualizar una forma de solucionar un problema, es lograrlo con lo que se tiene a la mano. Cuando los miembros de la tripulación del Apolo 13 se enfrentaron a una crisis en pleno espacio, no tenían la manera de pedirle a un proveedor que les enviara equipo nuevo. Cierto que pocos se verán en dicha situación, pero de eso trata el ingenio: resolver rápida y eficazmente las crisis con lo que se tiene disponible.

¿Cuáles son los recursos típicos con los que contamos? No sólo son herramientas y chatarra almacenadas en la cochera, sino también recursos intangibles como son tiempo, relaciones personales, capacidad intelectual, lenguaje y carácter. Repasemos cada uno: Sólo existen 24 horas en un día y, a menos que alguien sea excepcionalmente ingenioso, se requiere dedicar tiempo (recurso escaso) a la realización de esa idea que se nos ocurrió. El ingenio comienza desde la forma de encontrar tiempo para poder dedicarlo a esa idea.

Las relaciones personales son un recurso inapreciable, ya que muchas veces nos detendremos ante aspectos que parecen insalvables, pero si sabemos a quién recurrir, seremos capaces de perseverar. La capacidad intelectual no se refiere a conocimientos o grados académicos, sino a creatividad, agudeza para imaginar soluciones y ciertas habilidades mentales y motrices, que todos, quizá con diferentes perspectivas, poseemos. El lenguaje es la habilidad para comunicar las ideas. Aumentar nuestro vocabulario sería de gran ayuda cuando buscamos soluciones a problemas. En este caso la lectura es recomendable para quien tenga como meta ser más ingenioso.

Sin duda el carácter es el mayor recurso de todos. ¿Quién querría ser socio de alguien con ingenio pero de dudosa moralidad? ¿Qué detendría a esa persona de usar su ingenio para engañar a sus asociados? O si es insoportablemente pedante, egoísta o desorganizado, el ingenio no lo compensará (de hecho el ingenio es sólo un rasgo de entre muchos que forman el carácter). El carácter es un recurso que acompañará al éxito a la persona que lo desarrolle para bien.

¿Cómo se puede utilizar el ingenio? Lo primero que viene a la mente es en la creación de nuevos productos que traigan prosperidad económica a quien los genere. Desde el inventor de la bombilla eléctrica hasta el creador de YouTube, existe una amplia gama de ejemplos. Pero también a nivel casero podemos hacer ahorros o simplemente contribuir a evitar el deterioro ambiental: reciclar objetos usados, reparar equipo que aún puede tener vida, o simplemente regalar, en vez de tirar, ropa y utensilios a gente menos afortunada que nosotros.

Finalmente debemos aprender a reconocer el valor en objetos, gente e ideas, porque ingenio es también transformar una situación difícil en una enseñanza permanente. Jesús era una persona de ingenio, o no se explica cómo salió avante de las muchas pruebas a que lo sometieron los fariseos.

Lo que dice la Biblia
Entonces los escribas y los fariseos le trajeron una mujer sorprendida en adulterio; y poniéndola en medio, le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio. Y en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿qué dices? Más esto decían tentándole, para poder acusarle. Pero Jesús, inclinado hacia el suelo, escribía en tierra con el dedo. Y como insistieran en preguntarle, se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella. E inclinándose de nuevo hacia el suelo, siguió escribiendo en tierra. Pero ellos, al oír esto, acusados por su conciencia, salían uno a uno, comenzando desde los más viejos hasta los postreros; y quedó solo Jesús, y la mujer que estaba en medio. Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más (Juan 8:3-11)

Probablemente cualquier otra contestación hubiera costado la vida a la mujer o su propio ministerio. Que la contestación de Jesús nos inspire a buscar el rasgo de carácter del ingenio.
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  • Amor

    Gálatas 5:22-23

    Pero el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.

    Si quiere saber cuáles son mis versículos favoritos en la Biblia, helos aquí. Léalos de nuevo, son hermosos. Después de los frutos “malos” (Gálatas 5:19-21), leer, conocer, hacer propios estos versículos es motivador. ¿Quién podría rechazarlos? ¿Quién no quisiera tener (esperando que no esté en ceros) más amor, alegría y paz? ¿Quién no quisiera ser más (otra vez, esperemos que el marcador no esté en ceros) paciente, amable, bondadoso, fiel, humilde y controlado?

    Hay un par de cosas a considerar. Primero, todas estas características no pueden ganarse con esfuerzo propio. Tienen que venir como consecuencia de aceptar y seguir a Jesús. Ciertamente usted puede auto lavarse el cerebro y repetir “paciencia, paciencia” ante una situación exasperante, pero ¿sabe qué? Sólo está posponiendo una terrible erupción. Tampoco puede tener más paz con esfuerzo propio (ignore a todos esos budistas, maestros de yoga, filósofos del zen, etc., que dicen que con meditación puede usted lograr paz). La paz sólo viene de Dios y no es por méritos que se obtendrá alguno de estos elementos. Así que si tiene alguno de ellos, no presuma, sino agradezca a Dios.

    Segundo, eso de que no hay ley… ¿de qué se trata? Dios envió la ley y los hombres fuimos incapaces de cumplirla. Gracias a Dios que después envió a Jesucristo y posteriormente al Espíritu Santo, porque gracias a ellos el objetivo no es ya el cumplir la ley, sino aceptar a Jesús, recibir al Espíritu Santo y cumplir la ley como una consecuencia y ya no como una imposición.

    Comencemos con el primer elemento: Amor. ¿Por qué es el primero? Sencillamente porque Dios es amor. Muchos hemos escuchado esa frase, pero exactamente, ¿qué quiere decir “Dios es amor”? Para empezar, debemos reconocer que Dios nos lo ha dado todo y lo podemos apreciar de muchas maneras en la naturaleza:

    1) La Tierra: Dios la preparó perfectamente para que nosotros viviéramos. ¿Qué padre amoroso no desea dejar una casa agradable como herencia para sus hijos? Dudo que alguien pueda negar que la Tierra sea un hermoso lugar. Si en alguna parte está sucia, contaminada o desarreglada, es por nuestra culpa y no la de Dios.

    2) La vida: Es evidente que Dios se esmeró en este rubro. ¿No le maravilla que una cortada cicatrice y regenere la piel en pocas semanas? Las características hereditarias, los rasgos diferentes de cada ser humano, la capacidad del cuerpo para defenderse de enfermedades, la habilidad de los sentidos para percibir el entorno, las profundidades del cerebro… ¿se requiere decir más?

    3) Armonía: Dios creó el universo con la idea de la armonía y el balance en la mente. Podría parecer un tanto cruel que los depredadores cacen, maten y se alimenten de especies inferiores, pero sin ese esquema, la sobrepoblación de alguna especie pronto causaría estragos. Tanto el cielo, como el mar, los bosques, los desiertos, etc., poseen dicho balance y es nuestra tarea asimilar y comprender que deberíamos apoyarlo en lugar de destruirlo.

    4) Su hijo: Si acaso fuera poco todo lo anterior, Dios además entregó a su hijo para que no nos perdiéramos. A nosotros que hemos contaminado el planeta que nos regaló, que hemos asesinado y sido la causa de la aparición de muchas enfermedades por no cuidar la vida, que alteramos la armonía de la naturaleza exterminando especies animales y vegetales, que aún muchas veces negamos su propia existencia. ¡Sólo un gran amor nos perdonaría y permitiría el sacrificio de su hijo! (Juan 3:16)

    La humanidad necesita amor.
    El pecado entró al mundo con Adán y muy pronto un cuarto de la humanidad se volvió mala (consideremos que cuando vivían solamente Adán, Eva, Caín y Abel, el hecho de que Caín asesinara a su hermano, representaba un porcentaje alto de la población y eso sin considerar que al fallecer Abel, en realidad fue un tercio de la población)

    Entonces Caín respondió a Jehová:
    -Grande es mi culpa para ser soportada. Hoy me echas de la tierra, y habré de esconderme de tu presencia, errante y extranjero en la tierra; y sucederá que cualquiera que me encuentre, me matará.
    Le respondió Jehová:
    -Ciertamente cualquiera que mate a Caín, siete veces será castigado.
    Entonces Jehová puso señal en Caín, para que no lo matara cualquiera que lo encontrase.
    (Génesis 4:13-15)

    Dios mostró amor aún a Caín. ¿Lo hubiera mostrado la humanidad?

    No se menciona qué tipo de señal otorgó Dios a Caín. Si la historia hubiera ocurrido hoy en día, seguramente hubiera sido una de esas pulseras que permiten a los huéspedes acceso a las instalaciones de los hoteles, o un brazalete con localizador satelital. Quizás nunca sabremos cómo fue marcado Caín, pero es probable que Dios tenga preparada una credencial para cada uno de nosotros, si decidimos aceptarla.

    Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tenéis amor los unos por los otros (Juan 13:34-35).

    Ahí está nuestra credencial, gafete, brazalete, como le quiera llamar: “si tenéis amor los unos por los otros.”

    ¿Qué impide que un gran porcentaje de la humanidad pertenezca a este club? No se requiere de mucha ciencia para descubrir la respuesta. El gran impedimento al amor es el egoísmo. El egoísmo es la gran maldición de la humanidad, ya sea a nivel personal destruyendo familias (los divorcios son por falta de "espacio", cansancio, necesidades propias, etc.), o a nivel país, creando conflictos por más recursos, territorio o poder.

    Muchas veces nos volvemos a Dios y le pedimos por nuestras finanzas, salud, promociones, poder, influencia, etc., pero jamás nos acordamos de pedir ayuda para "librarnos de nosotros mismos," para descubrir el propio egoísmo y poder librarnos de él.

    El gran impedimento al amor es el egoísmo. Pero he aquí una paradoja. ¿Qué elimina el egoísmo? El amor. Regresemos a la cita: “El fruto del Espíritu es amor...”, ¿Por qué? Porque nada quita el egoísmo de las personas más que el amor. Pero no podemos amar porque lo impide el egoísmo, ¿cómo salimos de esta paradoja? Sólo gracias a Dios.

    El fruto del Espíritu es un regalo de Dios. No tenemos que ganarlo, sino aceptarlo.

    Lo que dice la Biblia:
    Nadie ha visto jamás a Dios. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor se ha perfeccionado en nosotros (1 Juan 4:12)
    Si alguno dice: “Yo amo a Dios", pero odia a su hermano, es mentiroso, pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? (1 Juan 4:20)

    ¿Intentamos amar, pero no podemos? Aquí puedo escuchar algunas objeciones: “No conoces a Juan (María), es imposible de soportar”, “Lo perdono, pero hasta ahí,” “Amarlo está más allá de mis fuerzas.”

    Ciertamente está más allá de nuestras fuerzas.

    Entonces Ben-adad, rey de Siria, reunió a todo su ejército. Llevaba consigo a treinta y dos reyes con caballos y carros. Subió contra Samaria, le puso sitio y la atacó. Luego envió mensajeros a esta ciudad, a decirle a Acab, rey de Israel: “Así ha dicho Ben-adad: "Tu plata y tu oro son míos, y tus mujeres y tus hermosos hijos son míos"”. El rey de Israel respondió: “Como tú dices, rey y señor mío, yo soy tuyo, así como todo lo que tengo” (1 Reyes 20:1-4)

    La clave es, así como Acab, “Rendición Absoluta”. Necesitamos rendirnos a Dios. Dios no puede usarnos, si nuestra voluntad se encamina en otra dirección de la que Él desea. Imaginen un auto con dos conductores y los dos con deseos diferentes en cuanto el destino. Caos.

    Al rendirnos totalmente, Dios nos dará la capacidad de amar. ¡Paradoja resuelta!
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  • Benevolencia

    La palabra benevolencia tiene dos raíces: Bene, que significa bueno o bien y Volencia, que significa voluntad. Así se puede entender que la palabra en su todo tiene que ver con hacer el bien como una decisión voluntaria. El diccionario indica tres acepciones para Benevolencia: (1) Deseo de hacer bien a los demás. (2) Buena voluntad, caridad. (3) Un acto de bondad.

    Comencemos con la parte de la voluntad. Es un hecho que en esta vida (a menos que sea usted alguien muy especial) tanto el dinero, como el tiempo y la energía son recursos escasos. De forma tal que cualquiera que desee mostrarse benevolente tiene que sacrificar algo. Dar algo de dinero (que no nos sobra), obsequiar parte de nuestro tiempo (que no nos alcanza para todo lo que tenemos que o deseamos hacer), o utilizar nuestra energía (que desearíamos enfocar en algo preciado para nosotros), involucra necesariamente un sacrificio personal. Y esto para entregar a un desconocido, ya que entregar lo anterior a un familiar o amigo, más que benevolencia sería algo más natural como aprecio, abnegación o incluso responsabilidad.

    Si consideramos que además de sacrificar algo de nuestros recursos escasos a favor de un desconocido, es probable que dicha persona ni siquiera nos agradezca el gesto o que peor aún, nos corresponda en forma negativa, el reto de adoptar este rasgo de carácter alcanza alturas insospechadas. La verdadera prueba de la benevolencia estriba en la alegría de dar, aún cuando aquello que damos no sea apreciado, o cuando no se tenga algo a cambio, o incluso cuando se obtenga algo negativo a cambio.

    Para tener claro qué tan difícil es mostrarse benevolente, consideremos que es como revisar nuestras prioridades y decidir que nosotros no somos el número uno, esto es, no somos el destinatario para recibir nuestros propios recursos. Poner a otros primero va en contra de la naturaleza humana. Eso es la benevolencia: ser capaz de tomar el lugar de los demás, así como Jesús fue capaz de tomar nuestro lugar y pagar con su propia vida por nuestros pecados. Ciertamente es “extremo” dar nuestra vida por otros, como Jesús, pero aún otorgar nuestros recursos a otros nos es pesado. ¿O no?

    Si ha sido capaz de llegar hasta este punto y aún no desiste de poner en su horizonte la meta de ser al menos más benevolente, consideremos algunos aspectos de su puesta en práctica. Mencionamos que se trata de dar algo a otros, pero ¿es realmente dar si damos a alguien de quien esperamos recibir algo a cambio más tarde? Quizás no de la misma persona, pero si somos capaces de deducirlo de impuestos, del diezmo, o de alguna otra partida que de por si ya no era nuestra, estamos de alguna forma “haciendo trampa.” ¿Es realmente dar, si somos capaces de presumirlo y recibimos alabanzas y reconocimientos públicos por nuestra “bondad”? La verdadera benevolencia no tiene motivos ocultos.

    Algunas personas se aprovecharán de una persona benevolente sin pensarlo dos veces. Aún sin intención, se correrá la voz y no deberemos sorprendernos demasiado si luego de apoyar económicamente a una persona, nos surge una línea de diez personas más esperando, pidiendo y aún exigiendo que también las ayudemos. Es imposible conocer exactamente qué existe en el corazón de las personas que claman por nuestra ayuda y por lo mismo, no podemos ponernos a juzgar si es justo o no apoyar a unos y a otros no. Dejémosle a Dios esa tarea y ayudemos con un poco de cautela, sin pecar de inocentes, en tanto nuestros recursos lo permitan.

    Aparte de que nuestro límite son los propios recursos y no podemos dar lo que no tenemos, aún a veces o no es suficiente, o no es conveniente. Existen personas que tienen más dinero que nosotros mismos y no necesitan que les demos nuestro dinero, sin embargo carecen de amor o cariño en sus hogares. Si somos sensibles, entenderemos quiénes, independientemente de su abundancia en dinero, requieren primeramente de nuestra atención y aprecio. O quizás lo único que podemos entregar es respeto y modales amables, pero aún así, es benevolencia.

    Lo que dice la Biblia:
    Acuérdate de mí, Dios, según tu benevolencia para con tu pueblo; visítame con tu salvación. (Salmos 106:4)

    Por supuesto el mejor ejemplo de benevolencia está en Dios, quien sin merecerlo nosotros, planeó nuestro rescate. ¡Que nos sirva de inspiración!
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  • Disciplina

    De acuerdo con el diccionario, disciplina es igual a:
    1 Doctrina; regla de enseñanza impuesta por un maestro a sus discípulos.
    2 Asignatura.
    3 Conjunto de reglas para mantener el orden y la subordinación entre los miembros de un cuerpo.
    4 Observancia de estas reglas
    5 Azote, generalmente de cáñamo, con varios ramales.

    No sé si les ocurra a ustedes, pero ocasionalmente la definición del diccionario me confunde más que aclarar una idea (quizá porque existen muchas ideas falsamente preconcebidas). Este es un caso donde la multiplicidad de posibles definiciones complica la situación. Por ejemplo:

    Cuando comenzó el semestre, en una de mis disciplinas, indiqué la disciplina y como no hubo disciplina, estuve tentado en usar la disciplina.

    ¿Se entiende? Para su beneficio, aquí está la traducción:

    Cuando comenzó el semestre, en una de mis asignaturas (acepción de disciplina número 2), indiqué las reglas a seguir por los alumnos (1) y como no hubo observancia de dichas reglas (4), estuve tentado en azotarlos (5).

    ¡Esto sí es español!

    Antes que me ataquen los defensores del diccionario de la lengua española, por cierto que usé el diccionario Vox (vaya nombre para quien está tratando de usar bien la lengua española), debo decir que este no es el motivo del artículo, sino la disciplina. Y me voy a centrar en la acepción número 3 del diccionario: (conjunto de reglas para mantener el orden y la subordinación entre los miembros de un cuerpo). Creo que esto aplica en varias áreas.

    Salón de clases
    Ustedes saben que un profesor (mi profesión) debe mantener la disciplina en el salón de clases. En teoría es sencillo. Se indican las reglas al inicio del semestre, los alumnos las aceptan (el primer día de clases en general no se oponen a nada, después pelean hasta por el color del pizarrón) y el semestre transcurre en paz y obediencia sumisas. ¿Suena conocido? Espero que a los demás profesores del mundo les ocurra. En mi caso, quizá por mi naturaleza bondadosa y expresión de mansedumbre (Editor: Yo usaría otra palabra en lugar de mansedumbre, pero para mantener la clasificación del Blog, lo evitaré), debo desquitar el salario convenciendo a los alumnos que las reglas no se cambian a lo largo del semestre, que tal regla sí está en el reglamento, que así no se interpreta tal otra regla, etc. Por ejemplo, este semestre implementé una nueva regla: “No se permiten preguntas durante el tiempo de examen” (la pregunta “¿puedo contestar con lápiz?”, ¿se permite?). Esta regla me acarreó cierto desorden (opuesto a la definición de disciplina) durante el primer examen porque muchos alumnos buscaron hacer preguntas de todo tipo (“¿puedo preguntar por qué no puedo preguntar?”).

    La enseñanza que obtuve es que, aparte de que los alumnos son muy creativos para preguntar, la disciplina no es algo nato en la naturaleza humana. El orden y la subordinación deben ser forzados en cierta medida a ser adoptados.

    Cuerpo
    Si esto es así, ¿qué ocurre con la disciplina corporal? ¿Es nato el comer saludable, el hacer ejercicio, el levantarse temprano, el no ver televisión, el no fumar y el no beber?

    Si eres de los que ante una mesa repleta de alimentos selecciona (en forma natural, no forzada) pepinos, apio y zanahorias crudas por sobre gorditas de chicharrón, sopes con chorizo o tostadas de tinga con abundante crema y queso, entonces mi hipótesis puede ser refutada (aunque siempre podría alegar anormalidad en la muestra).

    Para levantarse temprano a correr (5K al menos), desayunarse avena con leche y frutas, comer ensaladas y carne magra y cenar queso cottage con pan integral, se requiere una férrea fuerza de voluntad. Además, hoy en día los controles remotos hacen muy sencillo el encender la tele y con el pretexto de “tengo que ver las noticias”, nos quedamos en sintonía hasta altas horas de la noche viendo programas deportivos, telenovelas, películas, comedias o incluso programas culturales. ¿Tenemos suficiente disciplina para no tomar el control remoto?

    No fumar y no beber, aunque no explícitamente prohibidos en la Biblia (“Jesús bebía vino”, “una copa al día es hasta saludable”, “el vino alarga la vida”, “lo importante es que no se suba”, etc.), es una prueba de disciplina para todos los que una vez estuvieron presos por alguno de estos vicios. ¿Tenemos disciplina para alejarnos de la tentación de fumar y beber? Ciertamente que Dios nos ayudó a librarnos del vicio o nos puede ayudar (dado el caso) a abandonarlo, pero está en nosotros no frecuentar los sitios “peligrosos” donde está la tentación, rechazar invitaciones a reuniones donde abunda el vino, etc.

    Familia
    Los hijos también deben estar disciplinados. Existen reglas en el hogar que deben cumplirse. ¿Tus hijos son pequeños?: “No tienes postre hasta que no termines tus chícharos con espinacas”, “Están muy buenos”, “Si yo no como es porque a ti te hacen más falta y yo tengo que terminar el chicharrón que sobró de ayer”. ¿Tus hijos son adolescentes?: “Tienes que regresar a las nueve”, “Cuando yo era joven viajaba en camión”, “¡Esa película es C-24!”. ¿No tienes hijos?: De lo que te estás perdiendo.

    ¿Cómo podemos pensar que podemos disciplinar a nuestros estudiantes en el salón de clases, subordinados en la empresa, fieles en el ministerio, etc., cuando nunca pudimos disciplinar a nuestros propios hijos en el hogar?

    Relación con Dios
    Dejé al final lo más importante. ¿Tenemos disciplina para hablar con Dios (orar) cada día? ¿Nuestra Biblia está empolvada? ¿Sabía que para leer la Biblia en un año, hay que leer entre 4 y 5 capítulos diarios? ¿Quiénes de los que se propusieron leer la Biblia en un año en enero, aún mantienen su plan en agosto?

    Habría más respuestas positivas si preguntara entre los creyentes (hacia diciembre): “¿quién se quedó sin orar más de 30 días durante este año?”, que si preguntara: “¿quién se quedó sin comer un día durante este año?” Y por el estilo la lectura de la Palabra. No fallamos en sentarnos a comer 3 veces al día, pero pasamos días sin abrir nuestra Biblia.

    Esta podría ser la disciplina más importante de todas, porque si la logramos, tendremos fuerzas adicionales para lograr las anteriores.

    Lo que dice la Biblia:
    Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que por medio de ella han sido ejercitados. (Hebreos 12:11)

    A reserva de no confundir las acepciones del diccionario, la disciplina es vital en nuestras vidas. No estaría de más meditar cómo podríamos aferrarnos más a ella. ¡Disciplinémonos para disciplinarnos!
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  • Tolerancia

    “Cuando me hice miembro de la iglesia, mi círculo era muy grande… porque incluía a todos aquellos que como yo, habían creído. Estaba feliz con la idea de que los creyentes eran muchos. Pero, siendo del tipo observador, pronto aprendí que muchos creyentes cometían errores. Yo sólo podía tolerar dentro de mi círculo a quienes, como yo, hicieran lo correcto acerca de todos los puntos de doctrina y en la práctica. Algunos hicieron lo malo y pecaron. ¿Qué podía hacer yo? Tracé mi círculo otra vez… dejando fuera a publicanos y pecadores, y dentro, conmigo, a los rectos y humildes. Luego escuché rumores malos acerca de algunos de estos. Noté que algunos poseían una mente terrenal y que sus pensamientos continuamente eran sobre cosas mundanas. Mi deber, para salvar mi reputación, fue volver a trazar mi círculo… dejando dentro sólo aquellos que tenían reputación de poseer una mente espiritual. Me di cuenta que sólo mi familia y yo habíamos quedado dentro del círculo. Tenía una buena familia, pero para mi sorpresa, mi familia finalmente estuvo en desacuerdo conmigo. Yo siempre estoy en lo correcto. Un hombre debe sostenerse firme en sus creencias. Así que con determinación férrea, volví a trazar mi círculo… quedándome solo.” Anónimo.

    Si creemos que todos los demás deben comportarse en forma impecable, como Cristo, invariablemente nos quedaremos solos, como la persona de la historia, por la sencilla razón de que nadie ha llegado en el pasado a la estatura de Cristo, ni llegará nadie en el futuro. Y déjeme decirle, esperando que no se ofenda, que eso lo incluye a usted.

    Como nadie es perfecto, es importante comprender la cualidad de la tolerancia. Comencemos por la definición del diccionario:

    Tolerancia = Permitir los puntos de vista, prácticas y creencias de los demás. Ser libre de prejuicios. Grado de variación permisible de un estándar. En medicina, tolerancia es la habilidad de resistir el daño que produce la exposición a una droga o virus. En mecánica, tolerancia es el grado en el que una máquina puede funcionar fuera de las condiciones ideales.

    Todos nos desarrollamos de manera individual y sucede que en el proceso, cometemos errores y fallamos frecuentemente. Nadie recorre la misma senda que otro en la vida. Por lo tanto, los puntos de vista, prácticas y creencias serán también diferentes, ya no de cultura a cultura, o de país a país, sino de persona a persona. Tolerancia, entonces, es la cualidad que apoya al individuo a pesar de las faltas de su carácter y no permite que las fallas se interpongan en el desarrollo de una relación. La persona de la historia se quedó sola porque no permitió ni siquiera los puntos de vista de su propia familia.

    Sin embargo debemos tener cuidado de no abusar del concepto. No es conveniente perdonar las fallas en el carácter o rebajar los estándares de comportamiento en nombre de la tolerancia. Eso es comprender erróneamente la tolerancia. Y sin embargo, muchas personas recurrirán a ella para saltarse los valores morales. Tolerancia es quizá permitir que nuestros hijos elijan colores que no combinan en su vestuario, pero nadie nos puede tachar de intolerantes por no permitirles vivir en promiscuidad.

    La tolerancia no es rebajar los altos estándares morales para hacer que los demás se sientan más a gusto, sino que consiste en mantener los altos estándares y motivar a los demás a desarrollar un carácter aceptable sin rechazarlos cuando fallen. No se trata de perdonar el fracaso, sino de comprender que el fracaso es necesario en la vida de todos y que es inevitable en el crecimiento.

    ¿Cuál es el límite para conocer lo que es permisible aceptar y lo que no se puede tolerar? La respuesta la podemos encontrar en la Biblia: el pecado.

    Lo que dice la Biblia
    No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus apetitos; ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia. (Romanos 6:12-13)

    Es claro entonces que no podemos permitir el pecado, pero podemos alentar a las personas que los cometen a que se arrepientan, sin rechazarlas por sus fallos.

    Regresando a lo que sí es tolerancia, debemos tener cuidado de no juzgar. Nadie nos erigió como jueces y carecemos de la autoridad moral (recuerde que todos somos pecadores) para dictar una sentencia. ¿Le molestan las ideas de los demás muy fácilmente? ¿Le estorban las peculiaridades y características de los demás? ¡Cuidado! Quizá le esté faltando algo de tolerancia. Recuerde que tendemos a ser muy tolerantes con los propios errores y críticos con los de los demás. Jesús dijo: "¿Por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?” (Lucas 6:41).

    Veamos un ejemplo en el hogar. Existe un miembro de la familia que no recoge sus posesiones (de hecho las deposita en los lugares más inapropiados) y esto irrita a los demás miembros de la familia. ¿Conoce a alguien así? Quien no deja las cosas en su lugar, quien tiene su cuarto en completo desorden, quien no colabora con los deberes familiares o lo hace de mal modo y sin cuidado, etc. ¿Qué debe hacer un padre? Antes de responder recuerde que una explosión de mal carácter no ayuda al crecimiento, lo atrofia. El niño/adolescente que atestigua la violencia verbal de sus padres, terminará contestando eventualmente de la misma manera. Un padre debe responder con palabras suaves pero firmes y claras de que se recoja el desorden o se realice la tarea.

    Otro punto delicado acerca de la tolerancia es no usarla para evitar conflictos. Unos padres que aceptan que sus hijos hagan lo que desean, podrán quizá presumir de ser tolerantes, pero sin duda están renunciando a lograr el crecimiento de sus hijos.

    Resumiendo, tolerancia es permitir puntos de vista, aceptando al individuo, no sus fallas, entendiendo que hay diferentes grados de madurez y diferentes rutas para lograrla.
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  • Atención

    ¿Le ha ocurrido que cuando está tratando de dar instrucciones a su hijo, este parece ensimismado en su música, la TV o su lectura? ¿Quizá le ha ocurrido con amigos, compañeros de trabajo, estudiantes, o incluso subordinados? ¿No? ¡Felicidades! Parece estar rodeado de personas atentas. ¿Si? Sepa que no está solo. En cualquier caso, quizá le convenga seguir leyendo sobre la Atención.

    Según el diccionario, atención tiene tres acepciones cercanas entre si. 1: Estado de ser observador y cuidadoso con lo que se hace. 2: Estar atento a la comodidad de los demás. 3: Demostrar cortesía a los demás.

    Supongo que no le pediría a su hijo de dos años que se lleve a la cocina una charola llena de vasos de vidrio. Evidente. ¿Cierto? A esa edad, el niño no es capaz de ser cuidadoso con lo que hace. Pero, ¿cómo explicamos que haya adultos que no se estacionan para contestar el celular? ¿Amas de casa que dejan las hornillas encendidas mientras van por los hijos? ¿Jóvenes con algunas copas que toman el volante porque se sienten “bien”? La mayoría de los accidentes automovilísticos y en el hogar son por descuidos. Y esto debería bastar para llamar la atención sobre el significado y aplicación del concepto Atención, pero es importante también considerar su aplicación en relación con las personas que nos rodean.

    Es cuando nos relacionamos con la gente que se pone a prueba nuestra capacidad para tener atención. El primer aspecto es saber escuchar. ¿Sabemos? ¿Nos concentramos en las palabras que salen de nuestro interlocutor? ¿O estamos tan ocupados con nuestro propio discurso que realmente no comprendemos la postura de la otra parte, que por cierto queda frustrada?

    La Biblia dice que escuchar y hablar poco es de sabios.
    Escucha, hijo mío, y sé sabio: endereza tu corazón al buen camino. (Proverbios 23:19)

    En las muchas palabras no falta pecado; el que refrena sus labios es prudente. (Proverbios 10:19)

    Prestemos atención a quien se dirige a nosotros, sin prejuicios. Escuchemos al cien por ciento, mostrando que entendemos y después expongamos nuestra postura, la cual tendrá más solidez (por haberse formado después de toda la exposición de nuestro interlocutor) y mejor aceptación (por la buena voluntad que cosecharemos al haber escuchado atentamente). Respeto genera respeto.

    Otro aspecto de la atención es saber concentrarnos en lo que hacemos. Es falso que las personas puedan concentrarse en más de una actividad al mismo tiempo. Podrán realizar dos o más cosas simultáneamente (la mamá que cocina y ayuda con la tarea, el papá que conduce y habla por el celular, etc.) pero sólo una está captando su atención en un momento determinado, mientras que la otra, u otras, están en piloto automático. Cierto que se puede saltar entre una y otra, más o menos rápidamente, pero en ese caso ninguna está atrayendo la concentración total.

    El punto importante aquí, no es tanto el recomendar que se debe concluir una actividad antes de iniciar otra (después de todo, existen cosas que podemos hacer con un mínimo de atención), sino comprender que si existe algo que vale la pena realizar (atender al conferencista, las conversaciones, leer este artículo, etc.), algo que implique riesgos (conducir, trabajo con herramientas, usar fuego, etc.), o algo que es nuestra responsabilidad (estudio, trabajo) deberíamos comprender que merece dedicarle nuestra concentración total.

    Finalmente, y quizás lo más importante, deberíamos saber poner atención a nuestra relación con Dios. Nuestra vida y la de aquellos que nos rodean mejorarían, puede tener implicaciones eternas y nos infundirá aliento, propósito y motivación en nuestro diario andar. Leamos con atención la Palabra y concentrémonos en aplicar sus principios.
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  • Frutos de la Carne

    ¿A quién no le gusta la fruta? Supongo que hay preferencias y hay quien elige el mango, quien la naranja y quien la manzana. Existen frutas dulces (plátano, piña) y frutas ácidas (toronja, fresa). Existen frutas comunes (mandarina, durazno) y frutas exóticas (kiwi, cereza). ¿Cuál es su favorita?

    Cuando niño (sí, aún me acuerdo), descubrí junto con unos amigos, un árbol que producía un fruto blanco. Nunca supimos lo que era, pero como muestra de valentía, nos retamos a probarlo. ¿Qué les puedo decir del sabor? Para evitar el apodo de gallinas, sufrimos el resto de la tarde una sensación en la lengua como si nos la hubieran raspado con papel de lija. Aprendí una lección: existen frutos malos. ¿Le habrá pasado algo similar a Pablo? En Gálatas 5, Pablo nos habla de frutos: los malos (de la carne) y los buenos (del Espíritu).

    Para mantener el orden de Pablo, dejaremos para una futura entrega los más agradables.

    Gálatas 5:19-21 (Dios Habla Hoy)
    Es fácil ver lo que hacen quienes siguen los malos deseos: cometen inmoralidades sexuales, hacen cosas impuras y viciosas, adoran ídolos y practican la brujería. Mantienen odios, discordias y celos. Se enojan fácilmente, causan rivalidades, divisiones y partidismos. ?Son envidiosos, borrachos, glotones y otras cosas parecidas. Les advierto a ustedes, como ya antes lo he hecho, que los que así se portan no tendrán parte en el reino de Dios.

    Existen frutos que evidencian su sabor amargo y desagradable, como las inmoralidades sexuales, la idolatría y la brujería. Otros más difíciles de percibir que son malos, como los odios, discordias y celos. Y otros que preferimos ignorar, o pretender que Pablo se equivocó al incluirlos en la lista: envidias, borracheras y glotonerías.

    ¿No existirán niveles? Es imposible que Dios considere como iguales el adulterio con la envidia. El primero debería tener clasificación XXX y el otro apenas mini-x. ¿Por qué Pablo los pondría en la misma lista?

    De hecho podríamos establecer una escala. Algo así como: 7 hamburguesas dobles con papas y refresco grandes (cada una) igual a una lectura de Tarot. O bien, 10 copas de tequila igual a un adulterio mental. También, envidiar el coche del vecino igual a envidiar el refrigerador, la tele y la estufa de la vecina. Después de todo, un coche vale más, ¿no es así? ¿Por qué están todos en el mismo nivel? ¿Qué pretende Dios?

    Supongo que la respuesta es simple: Santidad. No podemos ser libres para acercarnos a Él si estamos presos del pecado, aún de los supuestos sencillos, como la envidia. Un ser perfecto como Dios, no puede tolerar ninguna clase de imperfección.

    Tratemos de imaginar lo que diría Dios al ver nuestro comportamiento. Primero con el fruto XXX y luego con el mini-x.

    “Hijo mío, has cometido adulterio. Me entristece. Yo te había concedido como pareja a una excelente mujer. No era perfecta, como tampoco tú lo eras, pero era lo mejor para ti y así lo consideraste tú en su momento cuando decidiste casarte con ella. Al cometer adulterio te has rebelado a mi autoridad. Lamento lo que viene en el futuro para ti, pero es lo justo.”

    ¿Podría ser diferente para el fruto mini-x?

    “Hijo mío, estás lleno de envidia. Me entristece. Yo te había concedido como patrimonio un techo y un auto compacto. No eran de lo más costoso, pero tampoco tú pusiste especial énfasis en prepararte para la vida, sin embargo eran lo más adecuado para ti en su momento y así lo consideraste tú cuando los adquiriste. Al tener envidia te rebelas a mi autoridad. Lamento lo que viene en el futuro para ti, pero es lo justo.”

    ¿Cómo puede un Dios justo actuar diferente? Se estaría negando a sí mismo. Si hablamos de glotonería, Dios se entristecería que no sepamos cuidar el organismo que nos concedió. ¿Usted qué sentiría si su hijo maltrata el auto que compró para él? Si hablamos de enojos, Dios se entristecería que no sepamos controlar nuestro carácter. Etc.

    Quizá haya diferencias en las consecuencias terrenales. Al fin y al cabo, una falla tiene dos tipos de consecuencias: eternas y humanas. Después de conocido un adulterio, muy probablemente perdamos a nuestra familia como consecuencia casi inmediata. La envidia no traerá tal efecto instantáneo, pero nuestra alma se irá amargando hasta que eventualmente nuestra pareja e hijos no nos soporten y busquen una oportunidad para distanciarse de nosotros. En el nivel eterno, las consecuencias no difieren: separación de Dios.

    En conclusión, todos los frutos de la carne son XXX, todos entristecen a Dios. No existe tal cosa como “mentiras blancas”, “envidia de la buena”, “enojo justificado”, “magia blanca”, etc. ¿Somos concientes de ello? No justifiquemos nuestro accionar erróneo con argumentos infantiles.

    Ciertamente no es una cita que nos agrade recordar y aprender de memoria, pero son palabras que debemos recordar como palabras sabias de un Dios, que como amoroso padre, nos advierte de peligros potenciales de los cuales nos quiere alejar. Mejor aún, leamos lo que dice Gálatas a continuación.

    Lo que dice la Biblia:
    En cambio, lo que el Espíritu produce es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio. Contra tales cosas no hay ley. (Gálatas 5:22-23)

    Y que estos Frutos del Espíritu nos sirvan de motivación para resistir los de la carne.
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  • Tenacidad

    “Los ganadores nunca se rinden, y los que se rinden, nunca ganan,” Thomas Jackson.

    Si bien la frase anterior parece evidente y lógica, muchas veces fallamos cuando intentamos extraerla del dominio del mundo deportivo y llevarla a casa. Después de todo, no tenemos competencias desarrollándose en nuestro hogar (no nos referimos por supuesto a una competencia boxística entre los niños por ver quién se queda con la última rebanada del pastel). ¿No tenemos acaso metas que perseguir en nuestra vida personal o familiar? ¿No tenemos una visión por nuestra iglesia, sociedad, ciudad, o país? Títulos universitarios, negocio propio, casa propia, organizar el patio, educar a los hijos, escribir un libro, bajar de peso, reorganizar los hábitos alimenticios, correr un maratón, hacer ejercicio, leer la Biblia, leer un libro por mes, servir en la iglesia, etc.

    La palabra tenacidad proviene del latín tenax, cuyo significado es asirse o prenderse de algo. Podemos reconocer que posee la misma raíz que la palabra tenazas, la herramienta que nos auxilia a tirar o tomar de algo si requerimos cambiarlo de sitio o removerlo. Entonces la tenacidad implica asirse a una meta, voluntariamente ignorar las distracciones, enfocándose en hacer lo correcto y permanecer fiel a la tarea que nos conducirá a dicha meta.

    Quien posee tenacidad muestra con su accionar que no se soltará (posee una fuerte resistencia), que seguirá avanzando rumbo a la meta (posee una fuerte dirección), que no se desanimará (posee una fuerte motivación), que no admite distracciones (posee un fuerte enfoque) y que es capaz de superar aún los más fuertes obstáculos con creatividad (posee una mente fuerte). No nos espantemos con la repetición de la palabra fuerte, porque no estamos hablando en el plano físico (del mundo deportivo), sino del plano espiritual y moral, donde los músculos se miden y desarrollan en forma diferente.

    Resistencia
    Después de la Segunda Guerra Mundial, Winston Churchill pronunció un famoso y quizás el más corto de los discursos políticos (prueba de que el exceso de palabras no garantiza sustancia) ante los estudiantes de una universidad: “Jóvenes caballeros, nunca se rindan. Nunca se rindan. Nunca. Nunca. Nunca”.

    Thomas Carlyle, el autor del siglo XIX de la obra clásica sobre la Revolución Francesa, aún sin haber escuchado a Churchill, demostró esa extraordinaria tenacidad. Carlyle había tardado años en completar el primer tomo de su obra (recordemos que en aquellos años no existían ni las fotocopias, ni las computadoras) cuando entregó el manuscrito original al editor que lo iba a revisar. Por un descuido, el ama de llaves del editor quemó el manuscrito pensando que era basura. Carlyle hubiera tenido derecho a desesperarse y a abandonar el proyecto. Sin embargo escribió: “No abandonaré el juego mientras tenga la facultad para seguir jugando. Es como si mi maestro invisible de la escuela cuando le mostré mi libro, lo hubiera roto diciéndome: ‘No, muchacho. Debes escribirlo mejor’. ¿Qué puedo yo, tristemente, hacer sino obedecer –obedecer y pensar que fue lo mejor?”.

    Admirable reacción. Carlyle comenzó de nuevo y luego de años adicionales de esfuerzo, terminó sus dos volúmenes sobre la Revolución Francesa. Pensemos en este ejemplo cuando a nuestro alrededor escuchamos frases tales como “ya me cansé”, “ya me aburrí”, “me rindo”, “no se puede terminar”, y demás por el estilo.

    Mucha gente se entusiasma con una idea o proyecto, pero son pocas las que mantienen su resolución cuando aparecen los primeros contratiempos. Y podemos estar seguros que estos aparecerán, si el proyecto vale la pena (pocas veces surgirán problemas en proyectos pequeños).

    Dirección
    Tenacidad es dedicarse a una causa, ideal o proyecto. Algo que valga la pena. No se trata de descartar actividades menores como reorganizar el escritorio, pero no se requiere realmente de tenacidad, sino algo de trabajo y disciplina para ello. La tenacidad es requerida para lograr una meta a la que se dediquen semanas, meses o años de constante enfoque, energía y recursos. Si se le va a dedicar tanto, debe ser una meta importante. Para esto necesitamos de cierta sabiduría. La sabiduría es “ver situaciones desde una perspectiva que trasciende a las circunstancias actuales y responder a ellas”.

    Algunas cosas parecen importantes de momento, pero cuando hacemos el esfuerzo de percibir nuestra situación y la de nuestra familia a corto, mediano y largo plazo, nos damos cuenta que quizá no valen tanto la pena. Por otro lado, cosas que ameritan nuestra dedicación, por las presiones del momento las hacemos a un lado. Debemos pues hacer una pausa en nuestras vidas y preguntarnos con seriedad ¿cuáles son las metas dignas de perseguir realmente?

    Motivación
    Las metas están íntimamente ligadas con la motivación. Para muchos, lograr la meta planteada es la fuerza de motivación para no desmayar por el camino. Para otros, estos dos elementos son independientes y consideran que para lograr un objetivo, hay que ejercer disciplina y auto-dominio. Pablo lo explica en la Biblia usando la analogía de un deporte típico, mencionando tanto el premio: la corona incorruptible, como la manera: disciplina.

    ¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis. Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible. Así que yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire; sino que golpeo mi cuerpo y lo pongo en servidumbre, no sea que, habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado. (1 Corintios 9:24-27)

    Enfoque
    Una vez seleccionada la meta, la tenacidad se concentra en ella y minimiza cualquier distracción hasta conseguirla. ¿De dónde salen las distracciones? Pueden ser problemas externos (presiones económicas, ausencia de tiempo, personas negativas, etc.) o pueden ser internas (nuevas ideas, tentaciones, cambio de humor, etc.). En el ejemplo anterior de Carlyle, fue claramente un evento externo el que destruyó su manuscrito y puso a prueba su tenacidad.

    Sin embargo son quizás los obstáculos internos los más difíciles de vencer, aquellos que usualmente nos ponemos nosotros mismos. Por ejemplo, una persona tratando de perder peso, no desecha las golosinas que guarda en su escritorio y en la alacena, o el estudiante que requiere estudiar para el examen del día siguiente y que enciende la televisión o el radio “sólo” para tenerlos como fondo. La tenacidad es ir más allá de la decisión y agresivamente quitar del camino cualquier distracción que nos impida alcanzar el éxito.

    Mente
    No basta tener clara la meta, enfocarse y tener resistencia si persistimos en implementar estrategias equivocadas. La tenacidad también requiere creatividad. Debemos estar dispuestos a abandonar métodos inútiles y buscar nuevos cuando vemos que aquellos no nos acercan a la meta. De otra forma, la tenacidad se convierte en obstinación.

    Supongamos que nuestra meta es reducir de peso y nos recomendaron cierta dieta. Luego de un par de semanas de seguir dicha dieta, no se detectan cambios en los registros de la báscula. Aún así continuamos por semanas sin lograr avances. Quizás es el momento de reconsiderar la dieta, o incluir dosis de ejercicio. Pero no se trataría de cambiar la dieta cada semana.

    La tenacidad inteligente está lista a considerar nuevos perspectivas cuando se enfrenta a situaciones complejas o de falta de resultados, pero no debe estar muy apurada en hacer ajustes sólo porque uno se sienta frustrado frente a un problema. Paciencia y sabiduría deben ir de la mano de la tenacidad.

    Premio
    Reiteramos que no se trata de un evento deportivo en que sólo un equipo o una persona triunfan. Todos podemos desarrollar la fuerza necesaria para convertirnos en triunfadores y alcanzar las metas personales que nos propusimos. Y si sentimos que nos faltan fuerzas recordemos que… Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. (Efesios 6:10)
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  • Filed under: perseverancia, sabiduría, tenacidad
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