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23 Apr

11 Apr
7 Apr
5 Apr
A veces nos resulta
tan difícil conservar la paciencia, ¡ah
tuviera yo templanza!
Jugando jenga, veo cómo los bloques se van acomodando en la torre y mientras no se pierda el equilibrio al acomodarlos, la torre sigue en pié, pero cuando el equilibrio es pobre, cualquier cosa provoca un reguero de piezas por todos lados. Así es nuestro ánimo a veces, tenemos un equilibrio tan débil que una travesurilla de un niño, un grito o cualquier provocación por pequeña que parezca nos invita a gritar con los pelos parados y los músculos todos tensados. Eso cansa, es agobiante, te duelen los hombros, el cuello, la espalda, es como si te echaras a los lomos una carga muy pesada cuando estas estresada ¿Quién no ha vivido el estrés?
Vives tu día deseando que ya termine, y como si lo hicieran
adrede, los niños se portan especialmente desesperantes, todo el ruido te molesta, jeje se te tira el
agua, los niños se pelean, se te caen
las cosas, los niños se golpean, se te
quema la comida, los niños se pelean, se
te hace tarde, los niños se pelean,
cuando te estas vistiendo se te rompe el cierre o se te cae un botón y
no tienes hilo (o no tienes idea de dónde lo dejó tu hija) grrrr hasta para peinarte batallas ese día, y por si fuera poco: los niños… se pelean…
y comiéndote tus galletitas quisieras
que fuera cierto ese grito de ¡¡¡GUARDIAAAAAAS! O
como la Reyna del cuento de Alicia ¡¡¡que
le corten la cabezaaaaaa!!!
De verdad que a veces si te provoca portarse como la Reyna y hacer tu reverenda voluntad y quitarte a todos los estorbos de encima cortándoles la cabeza.
Y cuando me llega un destello de lucidez por un segundito me digo a mi misma: Mi misma ¿acaso estoy loca? ¿Qué clase de madre soy? Cómo puedo pensar en salir corriendo en zigzag por la calle agitando las manos y con los pelos parados mientras grito ¡aaaaaaaaaaaaaaaa! ja ja ja ja ja (me imagino la cómica escena)
La verdad, es que no es fácil vivir ni para las mujeres que
tenemos un hijo, ni para las que tenemos mas o las que no tienen ni uno,
siempre hay “pre-ocupaciones” y deseando ser como la dulce y soñadora María, que se sentaba con toda su calma a los
pies del Señor a escucharlo hablar ; somos más como Martha: corriendo de acá
para allá tratando de controlar todo, de tener todo en orden, de atender a la
familia, de atender a las visitas, de ayudar al amigo, de… Señor, ¿No te importa que mi hermana me deje servir sola? ![]()
¿Qué me respondería El Señor si le pregunto ¿no te importa que me esfuerce tanto para tener bien a estos? ¿No te importa ver que estoy cansada y me falta mucho todavía por hacer? Y de pilón rematamos al modo de Marta que le dice al Señor:” manda pues, que me ayude”, así nosotras: mándame a alguien que vea mi esfuerzo y me tome en cuenta, mándame ayuda.
Vamos a detenernos un poco aquí… vamos a estudiar un poco a estas dos hermanas.
Martha: mandona, movida, preocupada, servil… mm muchos piensan que Martha era una mujer de poca fe, pero yo pienso que no es así, marta era una mujer con espíritu de servicio, de no ser así, Jesús no habría estado ahí: en su casa. Solo que… uf Martha tenía en su contra que se preocupaba mucho, como nosotras lo hacemos muchas veces, andamos tan preocupadas y tan afanadas por las cosas que nos olvidamos de lo importante: como marta ¿qué le dijo el Señor? Martha, Martha (me lo imagino poniendo su mano en el hombro de ella mientras la miraba suspirando hondo y moviendo la cabeza, al tiempo que ella miraba de reojo si habían terminado de servir la comida y si había sábanas limpias para que durmieran ahí las visitas), afanada y turbada estás por muchas cosas (como nosotras)
Ella se pre-ocupaba o sea que se ocupaba antes de, cuando lo que nos aconsejan hasta el cansancio que todo a su tiempo, PERO NO, SI YO NO LO HAGO NADIE LO HARÁ (aunque a veces así es, pero es así porque así los hemos acostumbrado, créanme, así lo hizo mi madre y así lo hacen mis hermanas y así lo hago yo)
“Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la que no le será quitada.”
¿UNA MARTHA PUEDE MEJORAR?
María: tranquila, apacible, soñadora, obediente, dulce,
tierna… algo así como yo jeje ![]()
María se sentaba a los pies del Señor, dejaba todo lo que estaba haciendo para escuchar, para recibir la buena parte, ella no se afanaba, no se preocupaba, no le importaba si había fruta nueva y fresca en las mesas o si la comida estaba ya servida, o si… lo que sea…no le importaban los puñalitos que Martha le lanzaba con los ojos a ver si se movía para ayudarle. Ella, tomaba la parte que no le sería quitada, la parte que Sólo el Señor dá.
¿Martha puede ser como María? ¿María puede ser como Marta? No, por supuesto que no, porque las dos hermanas tenían un temperamento diferente la una de la otra, pero María mas tarde demostró tener un carácter tan fuerte como el de Martha, solo que su enfoque era distinto, lo hizo cuando entró a una reunión , irrumpiendo entre varones siendo mujer y rompiendo un frasco de alabastro para ungir los pies del Señor, Ella, dio lo mas valioso que una doncella tenia en aquellos tiempos: el perfume carísimo que guardaba para ungirse para su boda, no le importó; decidió entregarlo al Señor y no solo eso, sino que también se atrevió a dejar ver su pelo, cosa prohibidísima para una doncella, ella lo hizo.
¿Martha? Martha también dio muestras de un cambio, cuando Lázaro murió, maría estaba tan deprimida que no acudió prontamente a recibir al Señor, en cambio la que corrió fue Martha: “Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto”. Si, fue una especie de reclamo, pero ella tenia la convicción de quién era aquel hombre poderoso, solo que no entendía todavía cuanto, aun así cuando Jesús ordenó quitar la piedra de la tumba y ella estaba convencida de que su hermano ya apestaba, pues habían pasado cuatro días, ella a pesar de eso OBEDECIÓ.
Martha no llegó a ser tranquilita y apacible como María pero si aprendió a obedecer aun en contra de sus convicciones y sus propios pensamientos, aprendió que Jesús es todopoderoso y que sólo El tiene la sabiduría y que sólo en El podía encontrar refugio. Aprendió a darse tiempo para recibir la mejor parte.
No pueden desaparecer las Marthas, las Marthas son las que sirven, así como tampoco pueden desaparecer las Marías, pues las Marías son las que oran e interceden en oración por otros.
Aprendamos a encontrar el equilibrio entre Martha y María. Este mundo lleno de afanes nos invita ser como Martha, casi no da lugar a María. Pero podemos encontrar un punto de equilibrio entre la tenacidad y útil servilismo (servilismo positivo) de Martha, y la paciencia de María; entre la poca paciencia y a veces dudas de Martha y la seguridad y entrega de María.
Como al jugar al jenga, a veces logramos tal equilibrio que ganamos la partida sin que se nos caigan las piezas logrando una torre muy alta, pero con la diferencia de que nuestro equilibrio entre estas dos personalidades, no se derrumbará, pues estaremos tomando en ese punto la mejor parte y además, esto no es un juego sino que en ello tenemos algo muy importante de nuestra vida: El tiempo para meditar en nuestra misión, en nuestra salvación, en todo el amor que el Señor ha depositado en nosotras.
¿La moraleja de la historia?
Cada vez que sientas el deseo de gritar mientras te comes tus galletitas: ¡¡¡¡¡¡GUARDIAS!!!!!
O como la Reyna: ¡¡¡¡QUE LE CORTEN LA CABEZA!!!
Imagina al Señor poniendo su mano en tu hombro diciéndote: Martha, Martha, afanada estás y turbada por tantas cosas… entonces, respira profundo e intenta sentarte a buscar el equilibrio, no sea que la que pierda la cabeza en una de esas, seas tu.
Acá Kerusso con sus reflexiones.



Todos del mismo día…
Claro que hay otros muchos temas más, nacionales, internacionales, económicos, deportivos, pero esto, me parece lo más importante, por que es el futuro que estamos preparando entre todos.
Es evidente que algo no estamos haciendo bien los argentinos, que hemos perdido el sentido de la orientación y que se hace imprescindible recuperarlo por el bien de todos por que así, marchamos hacia una deshumanización nunca vista.
“Vuelve atrás la mirada,
piensa en los tiempos pasados;
pide a tu padre que te lo diga,
y a los ancianos que te lo cuenten…" Dt 32:7
Esto no se resuelve con leyes, decretos de necesidad y urgencia, super poderes o entrega de planes sociales y, aclaro, no estoy en contra de ninguna de estas medidas. Solo que hasta la fecha no han dado resultado o, lo peor tal vez, no se controlan que se cumplan.
Debemos procurar el cambio de vida, reconsiderar nuestros hábitos, reconocer nuestras fallas y volver a empezar las veces que sean necesarias. No es una pérdida de tiempo, es inversión. La nuevas generaciones lo agradecerán.
Educar no es solo impartir instrucción ¡Y el que la agarre la agarre..! Ya lo ve, nos estamos consumiendo los unos a los otros, cuando el mandamiento dice "Amarse los unos a los otros."
Piénselo y trátelo con otras personas, tal vez antes de lo imaginado se comience a producir el cambio, muchos se lo agradecerán.
27 Mar
25 Mar
Hace algunos años, un pastor nos dijo que algunas veces podemos compararnos a una manada de perros que corren tras la presa, pero ¿nunca te has preguntado porque algunos perros se regresan después de algunos metros de carrera? Es porque no vieron la presa; el perro que ve la presa, corre tras ella y no deja de perseguirla hasta que la alcanza o ha perdido totalmente la pista. Eso les pasa a algunos perros pero difícilmente le pasa a los que van adelante, los que vieron de cerca la presa, esos perros la persiguen hasta el fin.
Pues bien… yo soy el perro que vio la liebre, si, yo he visto la liebre y no dejaré de correr tras ella hasta alcanzarla, yo correré mi carrera hasta el final.
Así somos los cristianos, algunos vemos a Dios y otros no,
algunos corremos porque realmente sabemos tras de quien vamos corriendo y otros
corremos porque corremos tras la manada o nos alborotamos por el ruido, o medio
alcanzamos a ver la sombra de la liebre al correr, pero en la carrera, nos
cansamos, nos desanimamos, perdemos la pista y nos regresamos o nos quedamos
parados pensando ¿Qué fue lo que vi? ![]()
Pero, los que hemos visto a Dios hemos visto la liebre. Yo vi la liebre, El me ha cargado en brazos, me ha arrullado, me ha escuchado (y vaya que me ha costado trabajo hacerme escuchar algunas veces), me ha hablado con voz audible, me ha abrazado y eso es hermoso, me ha acariciado como solo mi madre podía hacerlo, con esa ternura que solo ella era capaz de dar, con esa suavidad tan propia de una madre me ha mimado y he visto cosas increíbles, maravillosas que El ha hecho. Como el nacimiento de mis hijos, tengo hijos cuando varios médicos me afirmaron que no podría tenerlos, tengo hijos cuando mis embarazos han sido de riesgo, me concedió la vida de mi madre por tres años más (le hubiera pedido treinta), ha salvado mi vida no se cuantas veces, pero estuvo ahí en el hospital cuando creí que moriría. Estuvo ahí cuando cayeron sobre mi bebé de seis meses los pedazos de aquel espejo, vi cómo caía y se hacia polvo al chocar contra “algo” que no pude ver pero si vi como los pedazos de vidrio rebotaban y caían hechos polvo alrededor de mi hijo sin tocarlo. Estuvo ahí aquella noche en que lo buscaba desesperada pues quería conocerlo. Si, estuvo ahí y esa noche me convertí: solos El y yo (en otra ocasión relataré mi conversión). Estuvo conmigo salvando la vida de mi niña durante todo el embarazo, el ha estado ahí, en mi paso por el desierto, ha estado ahí cuando me he desanimado, ha estado ahí siempre. Por eso no voy a volver atrás, no voy a dejar de correr tras el: “yo soy el perro que vio la liebre”
¿Y tú? ¿Has visto la liebre? Cuando un cristiano de verdad ha conocido a Cristo, jamás da marcha atrás, nunca deja de creer, pues no puede dejar de creer en aquello de lo que está convencido, si se tambalea, si se tropieza, si se cae, pero se vuelve a levantar y si se lastima, pues sigue caminando aunque vaya cojeando; pero nunca deja de creer porque su fe tiene fundamento en la roca, en roca firme y no en arena.
Tal vez la fatalidad te haga tambalear, tal vez te ha pasado
algo tan fuerte, tan doloroso tan grave que pienses que Dios o no existe o no
te tiene en cuenta, y tal vez hasta piensas que te odia. Está bien, se vale
enojarse, se vale pelearse con El Señor, pero si vas a pelearte con El, hazlo bien
(y no olvides que te puedes traer un ojo morado). Hazlo buscándole la cara y
nunca olvides que lo conoces, que lo has visto y si no lo has visto, busca su
rostro para que le digas –Ahora te veo,
ahora mis ojos te ven_ porque muchas veces solo de oídas lo conocemos pero
para que nuestra fe sea mas fuerte a veces se hace necesario verlo ¡ah si no fuéramos
tan desconfiados como Tomás! Pero bueno, lo desconfiado se agregó a nuestra
naturaleza después de lo de la víbora, no nos pueden culpar jeje ella fue bastante
venenosona.
¿Ya viste la liebre? ¡Corre tras ella! ¿no la has visto? ¿Qué
esperas? ¡Búscala! Tu vida depende de ello.![]()
Con amor en Cristo: Kerusso


25 Mar
¿Has caminado alguna vez por el desierto? No, no me refiero al desierto lleno de arena, vacío de agua, lleno de sol y calor.
No, de ese desierto no te hablo, sino del desierto en que a veces tu vida se vuelve cuando te sientes caminar sola, sin Dios, sintiendo una necesidad tan grande pero… No encuentras a Dios, y te preguntas ¿Dónde esta cuando lo necesito? Por momentos te enojas y le dices ¿dónde estas? ¿Por qué escondes tu rostro de mí? ¿Acaso ya no te importo?
Y las sombras del desierto te dicen: ¿Dónde esta tu Dios? Tal vez no exista, mírate… estas sola, ¿estas segura de que existe?... y el desconsuelo te invade y entonces te derrumbas y aunque no quieras el llanto sale tan dolorosamente, te duele cada lágrima, tu pecho siente reventar, te ahogas y solo puedes repetir ¡Te necesito, regresa a mi, no me dejes sola! Ven a levantarme, no seré capaz de hacerlo sola. Y ahí te quedas sintiendo que cada una de tus palabras rebota en el techo y regresa a ti, como si fueran rechazadas, o como si no pudieran salir de tu habitación ; tal vez no tengan suficiente fuerza o quizás tengas que esforzarte un poco mas, subir a la montaña tal vez pero ¿Cómo subo a la montaña? ¿Dónde carambas está la montaña? ¿Cuál es la mía? ¿ESA? ¡PERO ES ENORME! ¿Cómo crees que voy a subir ahí? Si no soy más grande que una hormiga, soy un mugre gusanito ¡¡¡me aplastarán antes de que llegue a la cumbre!!!
Y te sientas a contemplar tu montañota, y tus días pasan… te sigues sintiendo sola, los problemas parecen no tener fin, si hasta parece que crecen, ¡a caray parece que les dieran abono como a las plantas!
Y te sientes sola, desesperadamente sola. Tienes el alma bramaba por la necesidad de agua en el desierto.
En mi paso por el desierto un día un buen amigo me dijo: -Amiga, estas caminando sin nube y sin fuego en el desierto, y eso es muy peligroso, es necesario que salgas de ahí. -¿Cómo? - Le dije –Orando- me respondió el, ¿quieres que te diga por qué orar? Yo estaré contigo todo el tiempo. Así lo hizo, mi amigo me acompañó ese tiempo y aun me sigue acompañando (Dios bendiga a mi amigo) Desde ese momento ya no me sentí tan sola, sabia que el camino podría ser muy largo y bastante penoso, pero ¡oye, yo miré la liebre! No voy a dejar de correr tras ella, la mire y sé que ahí va, la voy a alcanzar.
He notado que cuando más humildemente me derrumbo, sintiéndome menos que un mugre gusano, es cuando Dios parece escucharme, es como si por fin, mis palabras salieran libremente desde el fondo de mi sincero corazón, ya sin enojos, sin reclamos, sin lugar para dudas, solo la convicción de estar vencida y cansada de caminar, sin armadura, toda raspada de los codos y rodillas (¡necesito alcohol, vendas, gasas o por lo menos un curita! ¡Auxilio!), Esa mañana en que llegó la respuesta, esa mañana en que vi por fin la columna de fuego, estuve llorando, estuve tirada en mi cama hablando con Dios, y le puse enfrente mi carga, y le dije: tómala, y le puse en sus manos a mi familia, la entregué a El, le entregué a mi esposo diciéndole haz con el lo que quieras, es tuyo, tu decides si me lo dejas al lado, o lo que harás con el. También aquí están mis hijos: siempre han sido tuyos, desde que los formaste en mi vientre, has de ellos lo que tú quieras. Aquí esta mi vida, si no puedo hacer algo bueno con ella, quítamela, prefiero no vivir a seguirte ofendiendo. No quiero nada, no te pido nada, solo toma lo que tengo y lo que soy y arrójalo lejos de ti si no te complace o restáuralo si es tu voluntad.
Pero si quisieras responderme, solo necesito un abrazo. Consuélame.
Ese mismo día, mas tarde, llegó su respuesta, En los últimos días el Señor ha estado hablando constantemente, enseñando y guiando. Ahora se que nunca estuve sola, que en mi paso por el desierto nunca caminé sola, sino que El iba a mi lado. No veía la nube por que mis ojos estaban cerrados y me salía de su sombra al caminar a ciegas, tampoco veía el fuego porque mis ojos estaban cerrados. Pero siempre estuvieron ahí. Su presencia jamás me dejó, yo me apartaba de el, pero el como buen padre, siempre me cubrió.
Cuando camines por el desierto, recuerda estas palabras:
El está ahí, su nube y su fuego son tu guía, ¡abre los ojos! Y si quieres saber cómo se sube la montaña, aprende de los bebés, mira como un bebé cuando quiere llegar a los brazos de mamá o de papá, se esfuerza: gatea hasta sus pies, se para sosteniéndose de las piernas de papá, cuando por fin está de pié, inicia el ascenso hasta sus rodillas, papá ve su esfuerzo y le ayuda un poco, cuando el bebé ha llegado a ponerse sobre las rodillas de papá, se pone de pie y se abraza de su cuello gritando, sonriendo y brincoteando de alegría ¡por fin llegó! ¡Subió la montaña! Un bebé es sincero, un bebé no acepta un no, un bebé no pierde la fe, cuando un bebé se lastima, llora un rato pero en cuanto pasa el dolor sigue intentándolo hasta que lo logra y créeme, llegar a los brazos de papá no tiene precio.
Ten en cuenta que digo papá, es porque debemos aprender a ver a Dios mas como padre.
Así que cuando pases por el desierto trata de no renegar, no te desanimes, piensa que si estás ahí, es porque Dios considera que puedes hacerlo, que eres suficientemente fuerte. Una mujer sabia me lo dijo y yo lo creo, ella me dijo que si Dios considera que somos débiles, nos pone entre algodones y de ahí no avanzamos ni crecemos, nuestro crecimiento está en nuestros pasos por el desierto: en el fuego, pues bajo fuego se forja el barro y si el alfarero te pasa por el fuego una y otra vez es porque considera que esa vasija que eres tú, merece ser perfeccionada y te quebrará y reconstruirá tantas veces como sea necesario hasta que haga de ti un jarro perfecto.
¡Déjate moldear!
Con amor en Cristo: Kerusso


10 Mar
